Diario · Virtud y bienestar

Las virtudes del bienestar

Una pregunta antigua, una respuesta nueva

"¿Cómo es una buena vida?" — una de las preguntas más antiguas, y quizá más humanas, de la filosofía. Aristóteles la respondió con eudaimonia: aunque suele traducirse como "felicidad", en realidad significa el florecer de una persona de un modo acorde a su naturaleza — llegar a ser lo mejor que puede ser. Para él, la buena vida no era un estado de ánimo, sino un modo de hacer: un tejido que se forma ejerciendo las virtudes, una y otra vez, en la vida cotidiana.

Veintitrés siglos después llegó una respuesta semejante — esta vez desde una mesa de investigación.

Más de cinco mil personas, veinticuatro fortalezas

Un estudio de Nansook Park, Christopher Peterson y Martin Seligman, publicado en 2004 en el Journal of Social and Clinical Psychology, planteó a 5.299 adultos una pregunta sencilla: ¿qué fortalezas del carácter se vinculan más estrechamente con la satisfacción que una persona obtiene de su vida? Por "fortalezas del carácter" entendían veinticuatro cualidades positivas consideradas virtudes en distintas culturas — valentía, gratitud, curiosidad, amor, justicia y afines.

El resultado es a la vez sencillo y sugerente. Las virtudes vinculadas de forma más fuerte y constante con la satisfacción vital fueron: esperanza, entusiasmo (la alegría de vivir), gratitud, amor y curiosidad. En cambio, algunas fortalezas intelectuales muy valoradas — el aprecio por la belleza, la creatividad, el juicio sensato, el amor por aprender — junto con la modestia, mostraron un vínculo solo débil. Es decir: una virtud puede ser muy apreciada socialmente y, aun así, aportar poco a la satisfacción vital de quien la posee.

Hay además un hallazgo más silencioso pero importante: en contra de lo que se esperaría del "demasiado es dañino", tener en gran medida cualquiera de estas fortalezas no reducía la satisfacción. Al contrario — cuanto más, mejor.

De los hallazgos a las preguntas filosóficas

Lo más hermoso es cómo leen los investigadores sus propios hallazgos. Para explicar el vínculo, se vuelven directamente hacia Aristóteles:

El bienestar no es una recompensa que llega tras la acción virtuosa, sino algo que reside en la acción misma.

Cuando hacemos un bien a alguien, ese bien no nos satisface en algún momento posterior; la satisfacción ya forma parte del obrar bien — igual que la gracia no es el resultado de una danza bien bailada, sino una cualidad de la danza misma. Esta es también la columna vertebral de mi enfoque: el bienestar no es un tener, sino un modo de hacer. La ciencia moderna redescubre una vieja intuición de la filosofía.

¿Cómo, entonces? — No una lista, sino la medida

De aquí podría sacarse una conclusión fácil pero equivocada: "Entonces acumularé esperanza, gratitud, curiosidad." Pero la virtud no es cuestión de acopio. La verdadera lección de Aristóteles es la medida: saber qué fortaleza mostrar, cuándo, ante quién y en qué grado. La filosofía lo llama phronesis — sabiduría práctica. ¿Cuándo la valentía es virtud y cuándo temeridad; cuándo la ternura es bondad y cuándo negación de uno mismo? No hay una solución hecha; pide ser pensada de nuevo en cada situación.

En el mismo estudio, los investigadores hablan también de "fortalezas distintivas" — las pocas fortalezas que mejor le sientan a cada persona, aquellas en las que siente "este soy yo de verdad." El camino para florecer quizá no pase por adquirir a la fuerza cada virtud que uno cree faltarle, sino por reconocer las propias fortalezas distintivas e integrarlas más plenamente en la vida. Y eso exige, ante todo, conocerse a uno mismo.

Una invitación

Quizá lo que importa no es perseguir la felicidad como un objetivo, sino vivir ejerciendo las fortalezas que a uno le convienen — y dejar que la satisfacción llegue, casi siempre, como un subproducto de ello.

¿Cuáles son tus propias fortalezas? ¿En qué momentos te sientes más plenamente "tú"? Son preguntas sobre las que vale la pena pensar juntos.

Fuente: Park, N., Peterson, C., & Seligman, M. E. P. (2004). Strengths of Character and Well-Being. Journal of Social and Clinical Psychology, 23(5), 603–619.

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